
En nuestra sociedad la muerte, el dolor y el sufrimiento nos aterran, y tendemos a luchar acérrimamente contra ellos, sin considerar que forman parte de nuestra propia vida. Esta lucha social se traduce en el campo de la medicina en los procesos de encarnizamiento terapéutico, es decir, en la práctica de todos los medios medicamente posibles para retrasar la muerte, en algunos casos en detrimento de la calidad de vida y del respeto a la dignidad humana. Para muchos sanitarios la muerte es un fracaso. Pero esta creencia no sólo es propia del campo sanitario, sino que se extrapola a la sociedad en general. De ésta manera, es la propia sociedad la que “obligará” al sistema sanitario a hacer todo lo posible por alargar la vida de un familiar o persona estimada cuando ésta se halla ya en situación terminal. Mi experiencia sanitaria de casi diez años en servicios de urgencias y emergencias apoya esta realidad. ¿En cuántas ocasiones nos hemos sentido obligados a medicalizar la muerte? ¿Cuántas veces nos hemos sentido presionados por las familias a “hacer todo lo posible”? ¿Cuántas veces hemos comprobado que nuestros esfuerzos han sido infructuosos (no se puede luchar contra algo natural) y hemos visto morir gente sola, mientras sus familias descansan en casa o permanecen “anestesiadas emocionalmente” en las salas de espera? ¿Cuántas veces hemos ofrecido ver el cuerpo de la persona que ya se ha ido y hemos obtenido una negativa por parte de la misma familia que favorecía el encarnizamiento terapéutico?... En conclusión: la muerte, el dolor y el sufrimiento nos aterra, y como si tales procesos fuesen contagiosos huimos de ellos.
Hace unas semanas, atendiendo junto a una compañera a una parturienta prodrómica y, mientras le informábamos de signos de parto, signos de alarma y medidas de alivio del dolor antes de darle el alta, escuché de boca de la propia usuaria:
Hace unas semanas, atendiendo junto a una compañera a una parturienta prodrómica y, mientras le informábamos de signos de parto, signos de alarma y medidas de alivio del dolor antes de darle el alta, escuché de boca de la propia usuaria:
“Yo les pago para que me atiendan, y me niego a irme a casa con estos dolores… parece increíble que en el siglo XXI haya que parir con dolor como un animal…”
Ni decir tiene que quedamos "alucinadas" ante tal afirmación. Esto me llevó a plantearme: ¿Acaso nos hemos vuelto tan “racionales” que hemos perdido nuestra condición animal?... ¿Somos incapaces de tolerar momentáneamente el dolor, por muy intenso que éste sea, aún sabiendo que conllevará el nacimiento de un nuevo ser?... ¿Tanto hemos evolucionado que la evolución se ha detenido???... En resumen, y a modo de reflexión: ¿Qué fue primero: la medicalización de la vida o la necesidad social de una vida medicalizada?
La canción de hoy: "Streets of Philadelphia" de Bruce Springsteen. Que la disfruten!
http://es.youtube.com/watch?v=9L9_8vwx2w8
1 comentario:
Gràcies Lara,
Veig que compartim gustos musicals.
Tens raó en les teves reflexions, ho veiem sovint atenent el procés de la maternitat, no volem reconéixer la nostra part animal i això comporta perdre tota la part positiva que té: la sortida de l'instint, l'acceptació del part com un procés natural...
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